¿Es bueno ser optimista? Esto dice la ciencia

En la primera mitad del mes de septiembre de 2018 el Journal of the American College of Cardiology publicó un estudio que concluía que una mente positiva era un elemento fundamental para tener un corazón saludable.

La investigación es un review paper, es decir, un estudio de otros estudios, lo que nos da a entender que la variable del optimismo no es exclusividad del discurso de los libros de autoayuda ni los manuales de cómo ser exitoso en los negocios: la ciencia aplicada al bienestar personal también lo avala, y lo confirma muy a menudo de un tiempo a esta parte.

Aquí algunos casos:

En el 2016, científicos de Harvard revelaron el optimismo (medido con un test estandarizado llamado Life Orientation Test) en mujeres adultas podrían haber tenido un efecto protector en ellas, reduciendo el riesgo de muertes por cáncer, males del corazón, derrames o infecciones.

Los optimistas también resultaron ser menos fumadores y tienden más a hacer algún tipo de ejercicio físico. En lo que se refiere a dieta, los optimistas comen más frutas y vegetales y menos carne procesada y dulces, por lo que su índice de masa corporal es casi siempre saludable.

Un estudio en universitarios demostró que los optimistas reportaron menos estrés al final de semestre.

Así también, otra investigación demostró que las mamas más optimistas antes de dar a luz fueron menos proclives a experimentar depresión post-parto.

¿Es el optimismo la panacea de todos tus males?

La respuesta no es absoluta, pero hay muchas razones (científicas) para pensar que si es que no los soluciona, el optimismo nos puede ayudar –y mucho– a abordar de una mejor forma nuestros problemas. Y no se trata de auto-repetirnos frases cliché.

El optimismo en la biología

¿Puede algo tan gaseoso como el optimismo tener una huella en el organismo humano? ¿Tiene esta variable un rol en la supervivencia o la evolución del ser humano?

Para el investigador y biólogo molecular John Medina, la respuesta es afirmativa. El autor del libro Brain Rules for Aging Well argumenta que el poder del optimismo es tal que puede incrementar la esperanza de vida…en casi 8 años.

Medina sostiene que el optimismo estimula la producción de dopamina, un neurotransmisor tan potente que, además de hacerte feliz, te motiva y hasta te anima a tomar riesgos al invertir.

Todo lo contrario ocurre con la depresión clínica (de las peores cosas que te podría ocurrir): el sistema inmune se pone en modo offline, lo que provoca que se eleven los niveles de cortisol, la hormona del stress. Ella tiene la infame misión de atacar al linfocito T-CD4, un glóbulo blanco encargado de las defensas de tu organismo, lo que lo vuelve a su vez más vulnerable a infecciones, cáncer o problemas cardiovasculares.

El pesimismo y la depresión, por consiguiente, te vuelven más propenso a morir; ser optimista, por otro lado, te fortalece y aleja de una serie de males.

Un escaneo cerebral a un grupo de personas al procesar información positiva y negativa de sus futuros arrojó resultados muy interesantes: sus neuronas codificaron la información deseable, mientras que fallaron en incorporar la información desagradable. Una historia de éxito como la de Mark Zuckerberg nos puede llevar a pensar en la posibilidad de ser tan ricos como él, o las probabilidades de éxito de los matrimonios (1 en 2) no evita que las personas se sigan casando.

La observación llevó a Tali Sharot, neurocientífica del University College London, a creer que el ser humano está cableado para generar expectativas optimistas, algo que mejoraría las probabilidades de supervivencia.

Psicología optimista

La psicología entiende el optimismo como algo relacionado a la forma en que la gente ve el futuro: quienes son optimistas, esperan que pasen cosas buenas en sus vidas. Aunque esto no significa rehuir a los aprietos, sino desarrollar la capacidad de responder mejor a ellos (Hopper, 2017).

Ocurre lo mismo con los procesos de largo aliento: la observación a estudiantes de leyes por una década demostró que quienes tenían más niveles de optimismo resultaron ganando más al final de sus vidas.

La buena noticia es que no solo ocurre en ciertos países: un meta-análisis a 150.000 participantes en 142 países determinó que en la mayoría de países el optimismo predijo más resultados positivos como una mayor satisfacción con la vida y mejores niveles de salud.

El optimismo puede no ser recomendable para todos, por supuesto, y algunos expertos indican que el pesimismo defensivo puede ser beneficioso si este te pone a trabajar en estrategias para lidiar con escenarios indeseados en una entrevista de trabajo, por ejemplo. Una enfermedad de gravedad tampoco puede ser llevada con un optimismo a la ligera; el concepto mal entendido podría llevar al paciente a relajarse en el tratamiento, y esto nadie lo desea.

Por otro lado, tampoco se aconseja ser excesivamente optimista, un problema que no ayuda en absoluto a manejar la ansiedad y acaba degenerando en un fenómeno que algunos llaman la paradoja de Stockdale.

Para empezar a ver el vaso medio lleno, por fortuna, no hay que descubrir la pólvora –algunos psicólogos ya llevan años trabajando en formas que ayuden a las personas elevar la variable.

Una de ellas es la terapia cognitiva, como una forma de cambiar los pensamientos negativos. Establecer metas más realistas y menos inalcanzables podría mejorar tu percepción de la vida. Otra: escribir sobre un hipotético futuro en que las cosas te salen bien. O escribir sobre las cosas buenas que te han sucedido.

Fuente: https://nmas1.org/news/2018/09/30/optimismo-ciencia

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